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martes, 16 de junio de 2009

PLATILLOS VOLADORES NAZIS: EL MUNDO OCULTO DE LOS OVNIS

Por: Maykel Reyes



Desde 1947, cuando Kenneth Arnold aseguró ver nueve extraños discos que volaban a una velocidad supersónica y luego, unos meses después, cuando un supuesto platillo extraterrestre se estrelló en Roswell, causando la muerte de sus tripulantes, el mundo ovni no ha tenido un día de descanso. Las oleadas se precipitaron sobre la historia de la ufología.

Fue Ted Bloecher el autor del término Oleada para referirse a la cantidad de avistamientos a escala mundial. La primera vez que se usó fue en su libro: “Informe Sobre la Oleada OVNI en 1947”, publicado veinte años después y donde se recogían 800 casos acaecidos en los Estados Unidos que no habían trascendido a la prensa local.

En algunas tablillas, papiros y leyendas, se habla de objetos volantes que surcaban los cielos escapando a toda lógica. También durante la II Guerra Mundial, se recibieron varios reportes sobre objetos volantes que parecían tripulados, pero se ignoraba por quién. Otras personas aseguraban haber sido secuestradas temporalmente por seres alienígenas y transportados a extraños vehículos aéreos que los humanos no han podido igualar. Pero el mundo ovni tiene un lado que la mayoría de las personas desconoce.

En la primera mitad del siglo XX un grupo de países intentaban liderear el desarrollo aeronáutico. Entre ellos estaban los Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS, Francia e Italia, sin olvidarnos de Alemania. Fue precisamente este país el que alcanzó los mayores avances aerocoheteriles durante la inolvidable II Guerra Mundial.

Se dice que al final del conflicto los nazis estaban trabajando en algunos proyectos bélicos, que en ocasiones eran llevados prematuramente a las batallas sacando a relucir innumerables defectos. De cualquier modo, otros armamentos fueron puestos en práctica y capturados más tarde por los países aliados.

Entre esas armas había algunas aeronaves como la FW TA-152H, un Caza de reconocimiento capaz de alcanzar una velocidad de 759 k/h. A partir de diciembre de 1944 se llegaron a fabricar unos 150. Desde noviembre de 1942 se construyeron los Cazas He-219 A, poseedores de los primeros asientos eyectables del mundo y con una velocidad de 670 k/h. También estuvieron los primeros Cazas a reacción del planeta, bautizados Me-262, que alcanzaban los 869 k/h y de los cuales se fabricaron unos 1 430 desde julio de 1043.

Entre los cohetes teleguiados se contó con el FZG “Buzz Bomb”, un avión sin piloto que alcanzaba 550 k/h. Estaba además el Reintocher R-1, con una velocidad de 1 000 k/h. Y el A-9/10, un cohete intercontinental semipiloteado que debía alcanzar 10 000 k/h. A éste engendro el piloto lo abandonaba cuando se estuviera cerca del objetivo. La idea que le dio vida fue la de atacar blancos en Norteamérica, principalmente en New York, y también fabricas en la URSS, en los Urales.

Al finalizar la guerra, los especialistas alemanes que pudieron ser capturados fueron trasladados a los Estados unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia. Allí se reiniciaron los trabajos para perfeccionar estos armamentos.

En el libro: “Treinta Años de Ovnis”, Antonio Ribera cuenta que los nazis contaron con cinco prototipos de platillos volantes creados en algunos laboratorios del X Cuerpo del Ejército de la Wehrmacht. Los trabajos en las naves eran dirigidos por el ingeniero italiano Giuseppe Belluzo, quien declaró en marzo de 1950 que desde 1942 los alemanes trabajaban en una nave discoidal. En ese mismo año el platillo se alzó en un vuelo experimental y alcanzó la velocidad de 1 700 k/h y 20 000 m de altura.

Ribera asegura que los países aliados no pudieron encontrar los prototipos mencionados, los cuales era posible que hubiesen sido transportados en submarinos hacia distintos puntos, como Sudamérica o la Antartida, lugar donde se especula que Adolf Hitler llegó a construir una base secreta.

Ribera menciona además el V-7 o Arma de Represalia No.7, un aparato supersónico con doce turboreactores y radio de 40 000 k/h, surgido en los laboratorios subterráneos del X Cuerpo del Ejército en Breslau. Esta arma fue probada con bastante éxito en el Báltico, y se supone que fue capturado por la URSS.

Un comandante de servicios técnicos de artillería y de las tropas blindadas nazis, nombrado Rudolf Lusar, publicó en 1957 un libro bajo el título: “Armas y Armas Secretas Nazis”, donde cuenta que en 1941 se construyó un disco volante en los talleres alemanes de Praga. El aparato en cuestión contaba con un diámetro de 42 m y era manejado por dos pilotos.

Tajada Voladora, como fue bautizado, se elevó el 14 de febrero de 1945, y alcanzó una altura de 12 000 m en solamente tres minutos, y la velocidad nada despreciable de 2 000 k/h en vuelo horizontal. Los soviéticos se encargaron de destruir los modelos de esta nave, y todo parece indicar que la documentación técnica y sus piezas se encuentran en su poder.

Dado que en la Argentina y Brasil algunos nazis encontraron refugio, allí podrían encontrarse ubicadas las bases secretas de algunos ovnis. De cualquier modo, ninguna de estas historias hasta ahora cuenta con respaldo oficial. Sin embargo, uno debe pensar que si Tajada Voladora fue capaz de hacer semejante proeza en 1941, la historia de la aeronáutica mundial carece de una de sus más importantes páginas, pues oficialmente la barrera del sonido fue rota seis años más tarde.

Y la ufología, ciencia que estudia el fenómeno ovni, debe considerar con mucha seriedad el hecho de que algunos avistamientos efectuados en la segunda mitad del siglo XX puedan ser consecuencia de las naves que los alemanes nazis construyeron en su afán de dominar el mundo.